Man and Limit



I suspect the man who dedicates his life to the creation of limits, but distrust even more the artist who says is interested in them.

A man of limits is always a step back because he feels comfortable within all existing borders. He only takes action when those limits seem overwhelmed and a need to make new ones arises. He is the pusillanimous man, void of any courage. He is usually a man of laws, of politics, of creeds.

The unlimited man, instead, goes ahead and forces the traditional man to expand his barriers and cover an increasingly larger area. He is the man of true spirit, who feels uncomfortable before any barrier and whose natural reaction is to always jump over it. This group of people is formed by the men and women of genius: the composers, builders, researchers and thinkers. Always daring, intrepid, courageous and brave.

The man of limits is, of course, a man of traditions. He who brags about his integrity to meet all of them with no exception, and finds pleasure in the customs, routines and cyclical monotony they provide.

The man of imagination finds traditions tremendously boring and horrifying. He understands they are the motor of immobility. He knows they are nothing but borders which are forbidden to cross; and, also, that they are always protected by the biggest fanatics.

The man of limits is prone to reduce space and limit nature artificially. He is a builder of walls. And these barriers that he creates, as unnatural as they are, are usually also inhuman.

Meanwhile, the naturally creative man applies his imagination in the most natural way. He searches for more surface, more area, more perimeter, and always finds more space for his imagination.

The creative man exceeds all limits by conviction; the man of limits adjusts to a new one by obligation.

The man of limits is a man of faith. He does not question, he believes. He decides to convince himself and remains immobile. Accepts the myth, the story, the scriptures, the book, etc., and sits down to wait for —supposedly— external consequences that are completely out of his power. His thoughts imply such inaction and carry explicitly that strange and fabulous force which takes control of his life. That is why the natural place of this kind of man is always "inside", within the institution.

On the contrary, a man without limits refuses to believe. His strength lies in that denial, and with it threatens to shift the sedated thought and the immovable idea. He contradicts, he discusses, he disturbs. Taken by his curiosity he dismantles all stories, discovers the imposture of limits and reveals their fiction. This creative man has his place "outside" or "beyond", in solitude.

The man of limits finds himself disturbed by contradiction and incoherence, as he understand them only as mistakes. For that same reason he fears the fickle nature of human beings —which is also his own nature— and devotes his life to the norm. This is, in other words, to the futile task of trying to definitely delimit life with all kinds of sentences.

The man without limits, however, considers the contradiction as the perfect weapon to overcome any barrier and keep moving forward. He is not afraid to contradict himself because he knows incongruity is nothing but a mere symptom of life, and the logical consequence of having traveled unpredictable path.

For the unlimited man there will never be a greater tragedy than to live a life without contradiction and die being the same person he was at birth.

For the traditional man, there is no other destiny but to die being the same person he always was. [2018]



Hombre y Límite



Sospecho del hombre que dedica su vida a los límites, pero desconfío aún más del artista que dice estar interesado en ellos.

El hombre de límites va siempre un paso atrás, pues se siente cómodo dentro de todas las fronteras existentes y sólo se pone en acción cuando éstas se ven superadas y surge la necesidad de fabricar nuevas. Es el hombre pusilánime, falto de ánimo y valor. Es, por lo general, hombre de leyes, de políticas, de credos.

El hombre sin límites, en cambio, se adelanta y obliga al hombre tradicional a expandir sus barreras y abarcar un terreno cada vez más grande. Es el hombre de espíritu verdadero, el que se siente incómodo ante cualquier barrera y cuya reacción natural es intentar saltarla. En este grupo se cuentan los hombres y mujeres de ingenio: los compositores, los constructores, los investigadores y pensadores. Todos ellos siempre atrevidos, osados, intrépidos y valientes.

El hombre de límites es, por supuesto, hombre de tradiciones. Es aquél que alardea de su entereza para cumplir invariablemente con todas sus rutinas y costumbres, y encuentra placer en la monotonía cíclica que le proporcionan.

Mientras tanto, el hombre con imaginación se aburre y se horroriza ante las tradiciones. Comprende que son el motor de la inmovilidad. Sabe que no son otra cosa que fronteras que se prohíbe cruzar; y sabe, además, que están siempre defendidas por los más grandes fanáticos.

El hombre de límites es propenso a reducir el espacio y delimitar la naturaleza de forma artificial. Es un constructor de muros. Y los cercos que fabrica, en tanto que no naturales, son por lo general también inhumanos.

En cambio, el hombre creativo por naturaleza aplica su imaginación de forma natural. Busca más superficie, más área, más perímetro, y siempre encuentra más espacio para imaginar.

El hombre creativo rebasa los límites por convicción; el hombre de límites se ajusta a uno nuevo por obligación.

El hombre de límites es hombre de fe. No se cuestiona, cree. Decide convencerse y permanece inmóvil. Acepta el mito, el relato, las escrituras, el libro, etc., y queda a la espera de unas consecuencias —supuestamente— ajenas a su poder. Su pensamiento lleva implícita esa inacción y explícita una fuerza extraña y fabulosa que toma el control de su vida. Por eso el lugar natural de este tipo de hombre está siempre “dentro de”, en la institución.

Por el contrario, el hombre sin límites se niega a creer. Su fuerza reside en esa negación. Con ella amenaza el pensamiento pasmado y las ideas inamovibles. Contradice, discute, incomoda. Y llevado por su curiosidad desmonta todo relato, descubre la impostura del límite y pone de manifiesto su ficción. Este hombre creador tiene su lugar “fuera de” o “más allá de”, en soledad.

Al hombre de límites le inquietan la contradicción y la incoherencia, pues sólo es capaz de entenderlas como equivocaciones. Por eso mismo teme a la naturaleza cambiante del ser humano —que es también la suya— y dedica su vida a la normativa, es decir, a la inútil tarea de acotar la vida de forma definitiva con todo tipo de sentencias.

El hombre sin límites considera la contradicción el arma perfecta para librar cualquier barrera y seguir adelante. No teme contradecirse pues sabe que es un síntoma de la vida y la consecuencia lógica de haber recorrido su camino impredecible.

Para el hombre sin límites nunca habrá peor tragedia que vivir una vida sin contradicción y morir siendo la misma persona que fue al nacer.

Para el hombre tradicional no hay más destino que morir siendo el mismo de siempre. [2018]