Poetry of a Title



The title of every work of art should be written with a bit of prose and a bit of verse. A title composed in euphony accompanies the verisimilitude of the pictorial work and is able to rest, effortless, at its same height. There is thus a great difference between a title such as Kalashnikovs & Rickenbackers¹, which possesses rhythm and symmetry —and provides historical value and linguistic contrast through the simple association of Russian and German— and another one less enthusiastic, such as Rifles and Guitars, which instead, falls directly into the neutrality of the generic.
In the same way is possible to assess the success of Miró when, for his homage to Picasso, preferred the title Woman, Bird, Star² over Woman, Bird and Star, knowing that an asyndeton produces a more vigorous style and provided with the right amount of respect that he wanted to present; or to point out his carelessness while naming the work The lark's wing encircled with golden blue rejoins the heart of the poppy sleeping on the diamond-studded meadow³ which, in its many and overly composed words and by their own excessive pretension, rather than elevating them, he makes them descend along with the painting they accompany.
A title should also originate from honesty. Take Eduardo Chillida for example: even if he was born in Spain and was aware that Spanish is a universal language, it must have been more natural for him to name a sculpture of his as Besarkada⁴ (Basque word) than to title it Abrazo (Spanish for Hug), because the Spanish word must have seemed like a translation to him, that is, a distancing from the originality of his own language and, consequently, from authenticity. And yet, anyone who observes his work today —without knowing even a single word of Chillida's language— and approaches the foot of his sculpture, can not deny how high that honesty raises satisfaction when, inside one's mind, the title is translated and its meaning revealed. At the exact moment when that poetry of a title manifests itself, we no longer prefer the translated version in our own language, but the original word which has opened to us and now sounds like an entire poem.
As an example of the opposite, Robert Motherwell spent his honeymoon in Europe and —with that self-confidence that characterizes the American man even in the most flagrant imposture— felt sufficiently entitled to name his series of paintings an Elegy to the Spanish Republic. The painter decided to title this series a posteriori, according to his very particular mood on a given day, when one canvas from the series was already finished. As if first was the work of art and then empathy. He then explained to have chosen that title because, deep inside, he felt an enormous pain over the defeat of the Republic in the Spanish Civil War⁶. Needless to say, Motherwell leaves us, quite craftily, facing the difficult task of proving otherwise. And so, while no one denies the painter knew the exact definition of an elegy, he sure seemed to completely ignore the basic ingredient of any kind of sorrow: sincerity. That is why, unlike Chillida, Motherwell’s work leaves the viewer with no other option but to have faith in his words and in his word.
When a title is written with a genuine spirit and sincere words, the image it gives name to will no doubt rise with it; and, in the opposite direction, that any title will become more poetic if the image which accompanies it originates from honesty. Because work and title are tied to each other's poetry: the visual and the literary. And this powerful link, which makes them cause and consequence, makes each one of them the inseparable guarantee of the other. [2018]


La Poesía de un Título



El título de toda obra de arte debería ser escrito con un poco de prosa y otro poco de verso. Pues un título compuesto con eufonía acompaña la verosimilitud de la obra pictórica y es capaz de posarse, sin esfuerzo, a su misma altura. Existe así una gran diferencia entre un título como Kalashnikovs & Rickenbackers¹, que posee ritmo y simetría —además de aportar valor histórico y contraste lingüístico mediante la simple asociación de ruso y alemán— y otro menos entusiasta, como podría ser Rifles y Guitarras que, en cambio, cae de lleno en la neutralidad de lo genérico.
De igual forma es posible valorar el acierto de Miró cuando, para su homenaje a Picasso, prefirió el título Mujer, Pájaro, Estrella² en lugar de Mujer, Pájaro y Estrella, sabiendo que el asíndeton produce un estilo más vigoroso y propio del respeto que deseaba presentar; o señalar su descuido al nombrar la obra El ala de la alondra aureolada de azul de oro llega al corazón de la amapola adormilada sobre el prado engalanado de diamantes³, que con tantas palabras y tan compuestas, por su excesiva pretensión, más que elevarlas las hace descender junto con la pintura que acompañan.
Por otro lado un título debería, además, originarse honradamente. Por ejemplo, para Eduardo Chillida debía ser más natural titular en euskera una obra suya como Besarkada⁴ que llamarla simplemente Abrazo. Pues aun siendo español y sabiendo que el castellano es un idioma más universal que el euskera, la palabra castellana podía resultar para él una traducción, es decir, un distanciamiento de la originalidad de su propia lengua y, en consecuencia, también de su propia autenticidad. Y sin embargo, quien observe hoy su obra sin conocer la lengua vasca y se acerque al pie de la escultura de Chillida, no podrá negar cómo la honestidad de su palabra eleva la satisfacción cuando, en nuestro interior, el título se traduce y su significado se revela. En el momento justo en que esa poesía de un título se manifiesta, ya no preferimos la traducción en nuestro particular idioma, sino aquella palabra nueva, extraña y original que ya suena como un poema en sí misma.
Como muestra de lo contrario tenemos a Robert Motherwell, a quien —con esa seguridad que caracteriza al norteamericano aun en la más flagrante impostura— pareció haberle bastado una luna de miel en Europa para permitirse titular una serie de lienzos como Elegía a la República Española. Según cuenta el pintor en sus escritos, decidió titular dicha serie a posteriori, conforme a su muy particular ánimo en un día cualquiera, cuando uno de los lienzos estaba ya terminado: como si primero viniera la obra y después la empatía. Y se justificaba diciendo haber elegido tal título debido a que, en su interior, sentía un profundísimo dolor por la derrota de la República en la Guerra Civil española⁶. Sin más explicación, Motherwell nos deja así —muy hábilmente, por cierto— ante la difícil tarea de demostrar lo contrario. Pero aunque nadie intenta hacer tal cosa, ni se pone en duda que conocía al pie de la letra la definición de elegía, sí podemos decir que el pintor parecía ignorar por completo el ingrediente básico de toda lamentación: la sinceridad. Por eso, a diferencia de Chillida, la obra de Motherwell deja al espectador sin más opción que la de tener fe en sus palabras y en su palabra.
Está claro que si un título se escribe con sinceridad de palabra y de espíritu, con total certeza la imagen a la que da nombre se elevará junto con él; y, en sentido opuesto, cualquier título se volverá más poético si la imagen que lo acompaña se origina con honestidad. Porque obra y título están ligados en la poesía que le es propia a cada uno: la pictórica y la literaria. Y este potente vínculo, que los vuelve causa y consecuencia, convierte a cada uno en inseparable garantía del otro. [2018]

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        1.   Thomas, Patrick. Kalashnikovs & Rickenbackers. 2006.
        2.   Miró, Joan. Woman, Bird, Star (Homage to Pablo Picasso). 1966–1973. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.
        3.   Miró, Joan. The lark's wing encircled with golden blue rejoins the heart of the poppy sleeping on the diamond-studded meadow. 1967. Fundació Joan Miró, Barcelona.
        4.   Chillida, Eduardo. Besarkada XIV. 1997. Museo Chillida Leku, Hernani. 
        5.   Motherwell, Robert. Elegy to the Spanish Republic No. 132. 1975–1985. Collection The Tate Gallery, London.
        6.   Robert Motherwell. The Writings of Robert Motherwell. Edited by Dore Ashton with Joan Banach (Berkeley: University of California Press, 2007), 348.

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        1.   Thomas, Patrick. Kalashnikovs & Rickenbackers. 2006.
        2.   Miró, Joan. Mujer, Pájaro, Estrella (Homenaje a Pablo Picasso). 1966–1973. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.
        3.   Miró, Joan. El ala de la alondra aureolada de azul de oro llega al corazón de la amapola adormilada sobre el prado engalanado de diamantes. 1967. Fundació Joan Miró, Barcelona.
        4.   Chillida, Eduardo. Besarkada XIV. 1997. Museo Chillida Leku, Hernani. 
        5.   Motherwell, Robert. Elegía a la República Española No. 132. 1975–1985. Collection The Tate Gallery, Londres.
        6.   Robert Motherwell. The Writings of Robert Motherwell. Edited by Dore Ashton with Joan Banach (Berkeley: University of California Press, 2007), 348.