The Contradiction of the Line



Out of the three basic elements for visual construction (point, line, plane), the line is, without a doubt, the most useful of all. The point is forever chained to a single dimension and the plane must necessarily emerge from a line or from the collision between two planes; however, the line presents a spiritual habitability, an internal vacancy —something the point and the plane lack— by which its trace opens up to an infinite number of possibilities, both in its conceptualization and its construction.
This is why a line can be straight, curved, short, long, extended, wrinkled, broken, smooth, rolled, gestural, etc. It can be evidence of the trajectory of the smallest of points or be as wide and heavy as any plane; because every line has, by nature, the capacity to contradict itself; and this, in turn, allows it to coincide with the particular gesture of each and every hand that draws it.
For this reason the line is the best instrument of the artist, because it will always be available to the demands of our mood and spirit. And it will always transform, adapt and change to represent in the world of images everything that comes to us from the world of emotions.



La Contradicción de la Línea



De los tres elementos básicos para la construcción visual (punto, línea, plano) la línea es, sin duda, el más útil. El punto está condenado a una dimensión y el plano obligatoriamente debe surgir de la línea o bien de la colisión entre dos planos; en cambio, la línea posee una habitabilidad espiritual, una desocupación interior —de la cual carecen el punto y el plano— por la que su trazo está siempre abierto a una infinita cantidad de posibilidades, tanto en su conceptualización como en su construcción.
Así, una línea puede ser recta, curva, corta, larga, extendida, arrugada, lisa, enrollada, gestual, quebrada, etc. Puede ser evidencia de la trayectoria del más ínfimo de los puntos, o tan amplia y pesada como cualquier plano; porque toda línea posee, por naturaleza, la capacidad de cambiar y contradecirse; y esto, a su vez, le permite coincidir con el muy particular gesto de cada mano que la dibuja.
Por esta razón la línea es el mejor instrumento del artista, pues siempre estará a disposición de las demandas y exigencias de nuestro ánimo. Y será capaz de transformarse, de adaptarse y de cambiar para representar en el mundo de las imágenes todo lo que nos viene desde el mundo de las emociones.